El pasado sábado en la noche, en lugar de irme a las calles a celebrar la Noche de San Juan, opté por anidarme en mi apartamento. Me abastecí con cigarrillos, licores (y otras golosinas predilectas) y me dispuse a disfrutar de una noche a solas. Son raras las ocasiones en las cuales puedo darme semejante lujo; siempre hay alguien buscándome para algo. Pero decidido a dedicarme un tiempo para relajarme, una vez cayó la noche apagué mi celular y tumbé mi conección a internet. Mi colección de música sería mi única acompañante.
Luego de varias horas de consumir lo que compré y de escuchar 6 o 7 discos, encontré mi copia de El Juidero, el excelente trabajo que publicó en 2010 la enigmática y genial artista dominicana, Rita Indiana (si no saben quien es, búsquenla en Google y, de paso, les doy la bienvenida el Siglo XXI). Siempre ha sido un sueño para mi poder entrevistar a Rita para esta página, pero realmente no tengo forma de contactarla. De todas formas, no creo que a ella le interesen nuestras estupideces, pero ese no es el punto. El punto es que en mi nota escuché su disco de principio a fin por primera vez en mucho tiempo. El resultado es que estoy totalmente enamorado (de nuevo) de la música de Rita. Yo me crié entre dominicanos en un área de San Juan densamente poblada por esa comunidad. Como tal, muchas de las frases y fraseos que escuché en ese disco me resultaron súmamente familiares y provocaron en mi mucha nostalgia. Sin embargo, al menos antes de escuchar El Juidero, nunca había escuchado a nadie narrar la historia del dominicano exiliado en Puerto Rico (con todo lo que ello conlleva) de forma tan articulada. Este disco es un trabajo significativo, tanto artística como socio-culturalmente hablando.
El atractivo más grande para mi de Rita, musicalmente hablando, lo son sus magistrales letras. Rita es una liricista como ninguna otra. Su flow hace lucir a muchos raperos mucho más visibles y exitosos como principiantes; sus dotes de novelista la elevan centenares de millas por encima de Calle 13 o cualquier otro al momento de envolverte en una narrativa con un ritmo pegajoso. Y a la hora de cantar, la chica canta como pocas otras. Es increible que hasta ahora no hubiésemos escrito una reseña sobre ella, pero en cuanto a esta singular artista se refiere, hay muchas cosas que resultan mucho más increibles.
Para quien escribe, lo más increíble sobre Rita Indiana es que no es una estrella en este país. De hecho, muy poca gente que no esté ya prestando atención a la música subterránea en Puerto Rico tiene idea de que ella existe. En mi opinión, esto responde a dos factores primordiales: 1 - Que la música de Rita es demasiado cerebral y vanguardista como para agradarle al público que apoya los ritmos tropicales tradicionales; y 2 - Que Rita ha sido una especie de reclusa musical, quien no se presenta en vivo en la isla. De hecho, creo que mucha más gente ha escuchado sobre ella por razón de sus colaboraciones artísticas con Mima que porque conozcan el trabajo que ha editado bajo su propio nombre. Y muy probablemente ella así lo prefiere.
Me encantaría, sin embargo, que Rita se presentara en vivo aunque fuera una vez al año, para mantener contentos a los cientos de fanáticos que si la conocen y atesoran su talento. A su vez, podría crecer el culto de fieles, tal y como lo han hecho muchos otros luminarios de nuestra escena. La pregunta, entonces, es porque no lo hace? Que le impide darnos un solo show al año que nos recuerde a todos cuan enorme es su ingenio y cuan real y crudo es su talento? Sobre estas interrogantes no habré de teorizar. Obviamente su reticencia es motivada por algún reparo, alguna molestia, alguna condición no cumplida o algún otro elemento mental, seguramente de índole personalísimo. Eso lo respetamos cabalmente. La presente tiene como único propósito expresar un deseo y formular una petición. Nada más, nada menos.
De haber una sola posibilidad en un millón de posibilidades de que Rita Indiana lea esta reseña, aclaro que lo anterior, de forma alguna, debe interpretarse como una exigencia malcriada. Por el contrario. Es más bien un ruego de alguien que ama la música profundamente y quien piensa que las artes en Puerto Rico se benefician de su trabajo. Un artista de esa talla no debe estar inactiva ante los ojos del público, por más minúsculo en tamaño, que la aprecia y la admira.
Dale Rita toca un show!







